Seducidos por Grant’s

Publicado: 16 mayo, 2013 por Administrador en Copa tras copa Enviar este post por email Enviar este post por email

En cada puesto hay cinco copas. En la primera el líquido es blanco. En las otras es amarillo: el amarillo que más o menos conocemos. Eso que está ahí, que es diferente, es la etapa previa: es el alcohol, la bebida espirituosa que sale de esas torres de cobre que parecen sombreros de duende. Es casi alcohol en estado puro. Pero es sabroso: dulce y floral. Y al probarlo parece que se evaporara apenas al llegar a la boca. Eso, tan extraño y hasta perfumado es lo que irá a reposar en una barrica de roble hasta convertirse, años más tarde en parte de lo que recibiremos dentro de una botella de Grant’s.

Estamos en el Caracas Cigar Club en una cata solo para socios dirigida por Cruz Mario Zambrano, el embajador de Grant´s en Venezuela. Y lo que está haciendo no es dándonos a probar cada una de las tres opciones de la casa que circulan en el mercado venezolano. Lo que estamos haciendo aquí es una suerte de deconstrucción para entender el aporte de algunas de las partes del ensamblaje de estos whiskys de mezcla que representan la tradición de las tierras altas de Escocia.

Pasamos a la segunda copa. Encontramos aromas a manzana verde, a vainilla, a frutos secos, a mora. Es un festival de
aromas que se convierten en sabores al degustarlo. Pero sobre todo hay algo fundamental: se siente que esta es la base del Grant’s 12 años. Se trata de un whisky de grano (trigo) producido en la destilería de Girvan, uno de los grandes orgullos de la compañía. Cruz Mario Zambrano recrea la historia: en la década de los años sesenta la presencia de la marca en los mercados no era del todo satisfactoria en términos comerciales. Hacía falta darle un empujón. Y lo que se decide, a sugerencia de Charles Gordon, bisnieto del fundador William Grant, es instrumentar una agresiva campaña publicitaria en los medios británicos. Eso, que nadie había hecho, le dio a la marca tanta proyección que terminó por generar una buena dosis de resquemor entre la competencia. Hasta ese momento Grant’s & Sons tenía dos importantes destilerías en las higlands donde producía whiskys de malta –Glenfiddich y Balvenie- y compraba a otras plantas el whisky de grano que necesitaba para sus mezclas. Pero ese comercio de destilados tan habitual en Escocia –incluso hoy lo es pese a las batallas de mercadeo- se les fue cerrando progresivamente: esa fue la factura que pasaron los competidores.

De manera que Charles Gordon decidió que debían superar esa dependencia y durante 1964 la compañía compró terrenos en Girvan, al sur del país, para construir su propia destilería de grano que –con una tecnología de punta, destilando al vacío y a menor temperatura para preservar los alcoholes más delicados- comenzó a operar en diciembre de ese mismo año.

Eso es lo que tenemos aquí en la segunda copa. Y al agregarle una porción de agua se “abre” y aflora una curiosa sensación a esencia de banana. ¿Son sabores añadidos? Nada de eso: es la magia del líquido tras reposar en contacto con el roble de las barricas.

En la tercera copa encontramos un whisky de malta con aromas florales, muy meloso, con notas de cereal, de frutas frescas y hasta olor a grama húmeda. Zambrano explica que estamos ante un whisky característico de la zona de Speyside, esa porción de la geografía escocesa donde se asientan la mayoría de las más célebres destilerías en torno al río Spey. Al probarlo aparecen también la vainilla, las notas de pera, las notas florales. Y al agregar agua disminuye la potencia del alcohol y el aroma se torna más delicado, el sabor es cremoso, untuoso, con aportes de canela y miel.

La cuarta copa es otra historia. En nariz se percibe el marcado tono ahumado que aporta la turba, esa especie de carbón vegetal que no es carbón sino barro y capa vegetal amasados durante miles de años. También hay notas sorprendentes, como esa a témpera, a pintura de preescolar que identifican muchos de los participantes. Y hay yodo. Lo que tenemos aquí es un whisky de Islay, la quinta isla más grande de Escocia, una región cuyos whiskys tienen ese sello de identidad ahumado y marino. Y al degustarlo con un toque de agua evoca precisamente a comidas ahumadas, cualesquiera sean las que uno atesora en la memoria gustativa. Es floral, es picante, es tierra mojada.

La quinta copa, por supuesto, es Grant’s 12 años. Y allí está todo esto que hemos percibido porque estos whiskys forman parte de la mezcla: hay miel, canela, vainilla, flores, madera, frutos secos, nueces tostadas. Se siente también el aporte del humo, pero de forma sutil. Y al abrirse con el agua surgen con más protagonismo los sabores de vainilla, miel, flores y canela. Es un whisky con un final largo en boca y en este punto hasta los participantes más escépticos, esos que nunca antes habían considerado al Grant’s entre sus opciones, ya están rendidos ante la gran calidad de este digno hijo de la empresa que en 1887 fundara William Grant en su pequeño pueblo natal, Dufftown, y que hoy, a contracorriente de una industria que está en manos de dos grandes corporaciones, se muestra orgullosa de ser la única de Escocia que aun persiste como empresa familiar.

Un negocio familiar que logra vender 54 millones de botellas cada año. -oscar medina

 

FOTOS: GUSTAVO BANDRES (CONTACTO: 0412 5899146)

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