Montecristo 520 Edición Limitada 2012

Publicado: 24 marzo, 2013 por Administrador en Puro humo Enviar este post por email Enviar este post por email

Aclaremos algo de una vez: tengo un asunto “afectivo” con este tabaco. Fue el primero que fumé en La Habana. Y mire usted lo que cuesta decidir por dónde empezar cuando uno entra al humidor de La Casa del Habano del Meliá Habana. No es fácil.

Pero además, ahora que lo he vuelto a fumar con calma, he encontrado que más allá de la anécdota viajera es un cigarro realmente excepcional y en el intento por describirlo tendré que enumerar percepciones que no suelo asociar con los habanos.

Para empezar, en su arrancada ya hay algo que me hace recordar a un vino blanco: entre el marcado sabor recio de Montecristo se cuela un dejo untuoso, como de mantequilla, similar al que se asocia a los blancos hechos con cepa chardonnay. Y eso es bastante curioso, por no decir raro…

Este es un habano de hermosa apariencia –capa brillante, aceitosa, tono oscuro- que propone una vitola a contracorriente de esa tendencia del mercado a buscar  fumadas breves por parte de gente que no tiene tiempo para sentarse a degustar un puro como dios manda, gente que anda con demasiadas prisas.

Con el Montecristo 520, nada de eso. Este cigarro es un Edición Limitada 2012, por lo tanto todas las hojas que lo componen tienen al menos dos años de guarda y la hoja de su capa proviene de los pisos foliares superiores de la planta, cosa que la hace más oscura. También implica que su vitola no forma parte de la producción habitual de la marca. En este caso, estamos hablando además de un formato nuevo dentro del vitolario de Habanos S.A. para un puro con el que se conmemoran los 520 años de la llegada del tabaco cubano a Europa. La vitola de galera se conoce como Maravilla Nº3, de cepo 55 y 155 milímetros de largo.

De modo que si usted es una persona muy apurada, ni lo busque.

Durante el recorrido del primer tercio le encuentro una cualidad interesante: es como si tuviera varias “capas” de sabores que se perciben al mismo tiempo y en contraste. La “aspereza” propia de la marca; algo más “fresco”, casi levemente cítrico; y algo más oscuro, como un fruto que imagino morado y astringente.

Este es un cigarro complejo y con profundidad, con una fortaleza de media a fuerte y pleno en sus contrastes. Y al desvarío que ya he descrito se añade en el segundo tercio la percepción de amargo/dulce y la entrega de un sabor y un gusto a moras que nunca antes había percibido de forma tan clara en una fumada.

Y en medio de este cruce de sabores prosigue la experiencia, lentamente, asombrando y deleitando, hasta llegar al tramo final en el que la intensidad baja algunos tramos y se impone la condición cremosa del puro en una experiencia que hay que interrumpir cuando ya se torna excesivamente caliente. –oscar medina

 

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