José Ángel Rodríguez: “La caña ayudó a poblar Venezuela”

Publicado: 1 junio, 2012 por Administrador en Libros de humo Enviar este post por email Enviar este post por email

La Academia Venezolana de Gastronomía inauguró con El son del ron: azúcares y rones de Venezuela y la cuenca del Caribe (Ediciones B) una nueva categoría de su premio anual Tenedor de Oro: la de mejor publicación gastronómica. Su autor cuenta la historia de esta historia de una de esas maravillas venezolanas de las que casi no se ha escrito

 
El libro más reciente del historiador venezolano (nacido en Tenerife) José Ángel Rodríguez da hambre y da ganas de beber. Eso, de entrada: sus descripciones de los diversos rones venezolanos y del Caribe, más el apéndice sobre sus usos en la cocina, dan ganas de mirar qué hora es a ver si ya se puede acudir a la despensa por algo que caliente la garganta. Pero Al son del ron (Ediciones B) no atiende solamente esos apetitos: la complejidad y diversidad de las imágenes que contiene este volumen de vocación enciclopédica pero estructura y tono narrativos muestra que el mundo del ron es mucho más que bolero, chocolate y Caribe.

El dominio de la naturaleza, el drama de la esclavitud, la competencia entre las potencias y el avance de la globalización son solo algunos de los temas presentes en el pasado y el presente del que ha sido, desde hace siglos, uno de los asuntos en que Venezuela ha estado entre los primeros del mundo, mucho antes de lo que la imaginación popular retiene con más cariño, como los certámenes de belleza o las estadística de la pelota.

Al son del ron tiene una historia larga y enrevesada, como la del estimulante producto que lo protagoniza. Todo empezó en la clase de Geografía Histórica que en 1976, en el pregrado de Historia de la UCV, daba Pedro Cunill Grau, entonces recién exiliado al país desde el Chile de Pinochet. El eminente geógrafo chileno –de quien hemos hablado abundantemente en El Librero por su inmensa obra, particularmente Geohistoria de la sensibilidad en Venezuela- confesaba a sus alumnos venezolanos que en Venezuela no se había hecho Historia de muchos temas llenos de interés, como el ron, por ejemplo, uno de sus productos estrella. José Ángel Rodríguez comenzó entonces a darse cuenta de que a él no le interesaba la Historia convencional de próceres y batallas sino la que se ocupaba de la geografía, del espacio. Cunill terminó siendo el tutor de su tesis de 1980, que sería también su primer libro, Los paisajes geohistóricos cañeros de Venezuela (Academia Nacional de la Historia, 1988). “Entonces no se había escrito nada sobre la historia del ron en Venezuela”, dice Rodríguez. “Tan solo un texto de historia de la caña, de los años 60, y cosas de naturalistas, de científicos”.

Poco después, el desaparecido crítico e historiador de arte Juan Carlos Palenzuela, que había estudiado con Rodríguez en la UCV, lo llamó desde la Fundación Pampero para que hiciera una historia del ron venezolano. Rodríguez encontró una mina de oro en las hemerotecas, porque revisando décadas y décadas de avisos de prensa sobre el ron detectó las empresas que funcionaban y las épocas en que lo hacían. Halló valiosas imágenes y mucho que contar, así que propuso un coffe table book sobre todo el ron venezolano, de ayer y de hoy. Pampero solo publicó la parte que concernía a la historia de la empresa y desechó el resto del material. Rodríguez lo engavetó y se fue a Francia a hacer su doctorado en estudios ibéricos e iberoamericanos, y luego a Alemania con una beca postdoctoral para investigar sobre los viajeros alemanes en Venezuela. Pero el sueño del libro ronero no desaparecía, y en sus viajes seguía investigando, estuviera en Europa o en el Caribe.

En 1994 Rodríguez resucitó su proyecto de editar un libro histórico sobre el ron en general pero no encontró a una sola empresa interesada en patrocinar la edición. Entre tanto, publicaba El Paisaje del riel en Trujillo 1880-1945 (Academia Nacional de la Historia, 1994), Babilonia de Pecados… Norma y transgresión en Venezuela en el siglo XVIII (Alfadil/UCV, 1998) y Venezuela en la mirada alemana. Paisajes reales e imaginarios en Louis Glöckler, Carl Geldner y Elisabeth Gross, 1850-1896 (UCV/Fundación Edmundo y Hilde Schnoegass, en 2000). Rodríguez enseñaba en pregrado y postgrado de Historia en la UCV y recibía el Premio Municipal de Literatura en 1998 por Babilonia de pecados y el Premio Nacional de Historia “Rafael González Guinán” al año siguiente.

En 2005, Leonardo Milla, en Alfadil, accedió a publicar en rústica una versión más modesta de sus investigaciones y así salió La historia de la caña. Azúcares, aguardientes y rones en Venezuela. Siglos XVI-XX, con la buena sorpresa de que el fallecido editor uruguayo lo postuló al Gourmand Cookbook Award en Francia y obtuvo el primer premio en la categoría de los alcoholes. La versión de lujo para la edición completa seguía sin obtener patrocinio. Hasta que Rodríguez se fue de regente de la Cátedra Andrés Bello a Oxford y allá fue contactado por Ediciones B. La hora del libro del ron había llegado.

“Yo estaba terriblemente desilusionado por la falta de visión sobre el tema que había en Venezuela. Pero a los dos meses de llegar a Oxford me llegó el email de Ediciones B. La única condición que puso la editorial fue que ampliara la investigación al Caribe, para que el libro tuviera interés internacional. Yo tenía acceso a algunas de las mejores bibliotecas del mundo y era el lugar perfecto para hacerlo, así que hice dos investigaciones paralelas: la de los viajeros ingleses que había ido a hacer, y la del ron en el Caribe”. A distancia, Rodríguez fue montando el libro con el equipo designado por la editora Beatriz Rozados, con Silda Cordoliani, Cristina Guzmán y Clementina Cortés. Empresas roneras de Venezuela, Guatemala y Haití, entre otros países, colaboraron con entusiasmo, etiquetas e información. Rodríguez volvió de Oxford, revisó las pruebas y envió a imprenta. Luego de tantos años, el libro de lujo del ron (triste e inexplicablemente, en rústica y no en tapa dura) llegó a las librerías en 2009. Dos años después, toma un nuevo aire con el veredicto unánime del jurado designado por la Academia Venezolana de Gastronomía, que inaugura con Al son del ron el premio Tenedor de Oro a la mejor publicación gastronómica (el también excelente Nuestra carne, de Otto Gómez Pernía, obtuvo la mención especial).

“El ron hay sido muy importante para Venezuela”, explica José Ángel Rodríguez, “porque la caña fue muy relevante para la economía venezolana desde el XVI. No se exportaba, sin embargo, así que no se escribió casi nada sobre ella. La caña sirve para producir muchas cosas y emplea a mucha gente. Fue la primera planta que se industrializó aquí. Ayudó a poblar el país y a ocupar a su gente. En el siglo XIX había 100 rones en Venezuela y los rones orientales tenían mucho prestigio, pero luego la americanización lo obligó a retroceder, a favor del whisky. Venezuela produce varios de los mejores rones del mundo, pero en sus recepciones oficiales, las de antes y las de ahora, nunca se sirve, sino el whisky, mientras los mexicanos sirven tequila y los peruanos pisco, siempre”. – Rafael Osío Cabrices

(Publicado originalmente en la revista El Librero)

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