Simón Alberto Consalvi
Periodista, historiador, escritor y diplomático es, además, uno de los observadores más lúcidos del acontecer del país. Hombre de letras, lo es también de humo: hace años cultiva el gusto por los buenos tabacos, cuyos aromas deben impregnar las páginas de los más de 30 volúmenes que ha escrito
¿Cuál es su tabaco preferido?
Los lanceros
¿Cuál es la vitola que busca como primera opción?
En el Diccionario del tabaco de Raymond Jahn se dice que “la vitola es el aspecto o la forma y tamaño del puro cubano”. Y don Fernando Ortiz, en su monumental obra Contrapunteo cubano del azúcar y el tabaco, dice que “la vitola de un cigarro es su figura”. Cabrera Infante, mi amigo inglés, dijo: “Hoy, en España, llaman vitola al anillo del puro. (…) Los anillos tienen su mitología propia. Ya que la historia real del anillo es menos poética que la leyenda, uno duda entre la historia y el mito”.
Me gusta esta última definición. Amo las vitolas, y, cada vez que me fumo un puro, pego la vitola del libro que leo. La gran variedad de diseños y colores indica mi amplitud. Prefiero las clásicas, por su sobriedad y sus resonancias. Montecristo, Partagás, Romeo y Julieta, Robaina. (No es pose, pasé mi exilio en Cuba).
La mejor hora para fumar es…
Para mí, el primer habano del día viene después del desayuno, y luego, entrada la tarde.
¿Qué prefiere, fumar bajo techo o al aire libre?
Lo hago en todas partes, en la biblioteca, en el corredor abierto, no hay problema.
La bebida ideal para acompañar su fumada es…
Café negro.
¿Qué es lo peor que le puede pasar cuando está fumando? ¿Qué situación puede arruinar la mejor fumada?
Que el habano no resulte como imaginaba. O, por otra clase de imprevistos. Una tarde ya remota encendí un tabaco en un hotel de Nueva York y sonaron las alarmas.
¿Cuál ha sido el escenario o momento más alucinante o recordado en el que haya fumado?
En una discoteca de Londres, donde todo el mundo fumaba, hombres y mujeres, en compañía de Cabrera Infante.
El mejor momento para encender un puro es…
Cuando me bajo del avión, después de un largo viaje.
Un tipo de música o un libro ideal para acompañar la fumada…
Como fumo todo el tiempo todas las músicas son buenas, (tengo mis cantantes favoritas), y leo todos los libros tras la cortina de humo.
¿Cuál es su manía personal a la hora de fumar?
La manía soy yo.
¿Dónde compra sus tabacos?
Es un secreto de contrabandista.
¿Qué prefiere, una fumada breve o una prolongada?
No sé si las distingo. Quizás dependa del estado de ánimo. A veces pierdo la elegancia, y muerdo el tabaco.
¿Cuántos tabacos fuma en una semana?
Nunca menos de 14.
¿Cuál ha sido el tabaco más singular o especial que ha fumado?
Cómico. Un modestísimo “Robert Burns”, porque era los que fumaba el Mariscal Josip Broz Tito, Presidente de Yugoslavia, y me obsequió uno para que fumara con él. Muy histórico.
¿Le gusta probar nuevos tabacos o prefiere sus vitolas y marcas acostumbradas?
Oye este cuento: Rómulo Gallegos le pidió un cigarrillo a Andrés Blanco y, a renglón seguido, le preguntó: ¿qué marca tienes? Y el poeta le respondió: -“Ajenos”, los que te gustan a tí. Las dificultades de la época nos obligan a ser eclécticos…




Yo creo saber cómo compra el doctor Consalvi compra su material, pero no voy a violar tampoco su secreto de contrabandista. Sí diré que soy testigo de sus hábitos madrugadores: una vez fui a entrevistarlo a las 7 am a su casa y no tuvo paz hasta que le sirvieron su arepa con queso y su café. Desayunó rápido y pudo, entonces, encender su Lancero (y el mío, que no iba a despreciárselo) a eso de las 7:30 am.
Hubo un personaje fascinante en la vida del doctor Consalvi, su chofer hasta hace unos meses, Carlos Hernández. Yo decía, al verlos llegar a El Nacional: “Allí vienen Don Quijote y Sancho Panza”. Sancho era, claro, el gran Carlos, pequeño, humilde, gracioso y ocurrente. Un día le pregunté cómo hacía cuando el doctor entraba en el carro y encendía el tabaco de la tarde. Me respondió: “No puedo hacer nada, pero mire usted, cuando llego a mi casa y mi mujer me abraza, me dice: ‘¡Ah pues, pero usted huele a tabaco!”. Parece que era esa frase su más frecuente recibimiento. Y estoy seguro de que Carlos la asumía como una prueba de que había sido leal a su señor.
Excelente nota. Nadie, pero nadie tan cool como el Dr. Consalvi.
Que gran persona el doctor Consalvi, todo un lujo para el selecto grupo de ” Yo fumador”
que agradable leer y disfrutar de una entrevista a una persona entendida en letras, excelente……
A buen fumador,buen entendedor.la entrevista breve,pero llena de vida,como su personaje.
Saludos, José l.