H. Upmann Majestic
Con este puro vuelve a ocurrir lo mismo que con otros de la misma marca: tengo un libro en la mano. Es un buen libro. Pero debo dejarlo a un lado porque el tabaco va ganando mi atención de manera progresiva como un disfrute casi excluyente.
Fumemos, entonces.
Lo primero que percibes de este cremas -140 milímetros, cepo 40- es el aroma. Y me refiero a el aroma a H. Upmann que empiezas a reconocer a medida que te paseas por la familia. Y, por supuesto, su sabor: sabe a H. Upmann. Y a partir de ahí, la experiencia está asegurada.
Especialmente si tu ejemplar tiene, como éste, buen tiro y ha sido conservado según dicta la norma.
Las bocanadas iniciales son como las formalidades del primer encuentro: eso de empezar a conocerse. Pronto el tabaco entra en confianza y empieza a tratarte con generosidad: algo de picor, matices terrosos, buen grado de fortaleza, persistencia en el gusto y un aroma ante el cual no queda otra más que dejarse llevar.
En cierto momento asoma algo de rudeza y, la verdad, es que le sienta de lo mejor.
Ya en el último tercio tiende a moderar más esa condición y te va conduciendo a un estado en el cual, al dejarlo extinguirse en el cenicero, lo que haces es reconocer que hoy fumaste bien, que fumaste de lo mejor, aclarando, por supuesto, que no se trata de un premium, sino de un gran cigarro dentro de su rango y calibre. –om
Tabaco cortesía de La Casa del Habano, Caracas. Tlf. 993 4575




