Puro humo

Publicado: 12 octubre, 2009 por Administrador en Libros de humo Enviar este post por email Enviar este post por email

Guillermo Cabrera Infante

Alfaguara

puro humoEntre las muchas, muchas cosas que escribió el notable autor cubano en este libro está el dato de que es mucho lo que se ha publicado en inglés sobre el acto de fumar. Mucho más que en español, cosa curiosa –aunque no inexplicable-, porque fueron los españoles quienes sacaron el tabaco del Caribe y es el español el idioma en el que se siembra el mejor. Y, bueno, Guillermo Cabrera Infante (Cuba, 1929-Reino Unido, 2005) forma parte de la estadística que menciona en Puro humo, su apasionado homenaje al puro, porque ese libro suyo, tal vez el último buen libro que escribió, lo escribió primero en inglés.

Holy Smoke salió a la niebla londinense a mediados de los 80, y en 2000 salió la edición castellana en Alfaguara, traducida por su autor. Entonces, se distribuyó una edición un poco más lujosa, que venía en una caja de madera parecida a la de los puros.

Éste es un libro lleno de datos, y en ese sentido brinda más o menos los mismos servicios de un buen texto enciclopédico sobre el tabaco, sólo que el enfoque se dirige mucho más hacia lo histórico, lo social y lo cultural que hacia lo técnico.

Cabrera Infante, un feroz cinéfilo y un antiguo cronista del espectáculo, fumaba no sólo por el placer que le producía sino porque eso lo atornillaba en una voluminosa tradición de fumadores. Le interesaba el cigarro como un gesto de la cultura, tanto de la del Caribe como del mundo angloparlante. Él sabía que cuando fumaba se estaba emparentando con muchos de sus ídolos, como Groucho Marx, quien se recuesta embelesado en la tapa de Puro humo.

Es una crónica del autor de Tres tristes tigres y por tanto tiene muchos juegos de palabras, no podía esperarse otra cosa, y es más bien desordenada, vacilante. Es como sentarse a escucharlo mientras fuma y fuma, contando lo que recuerda, pasando de un tema a otro sin ganas de disciplinarse. Leer este libro es como ver a Cabrera Infante fumar, y por supuesto, contagiarse de sus ganas. Naturalmente, es muy difícil leerlo sin nada más en las manos o en los labios.
– Rafael Osío Cabrices

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