Puros a este lado de la puerta

Publicado: 5 octubre, 2009 por Administrador en Fuma que algo queda Enviar este post por email Enviar este post por email

illustrationHay quien pasa frente al estanco como pasó Colón –Cristóbal, se entiende- ante los hombres-chimenea que alborozado le mostró el marinero Rodrigo De Xeres en la aldea indígena que los sorprendidos nativos llamaban Gibara: cegado por el afán de oro y quién sabe si aturdido y desorientado en aquella geografía exuberante de lo que hoy es Cuba, no supo apreciar el afortunado potencial de aquello que veía en la boca de sus forzados anfitriones, esas hierbas secas armadas como mosquetes encendidas en la punta y que tanto placer parecían proporcionar a estos infatigables fumadores. Colón nunca quiso saber de esos bárbaros placeres.

A otros, sin embargo, les paraliza la visión apabullante de docenas de cajas exhibiendo su orgulloso contenido, las bien dispuestas hileras de cilindros vegetales de todos los tamaños, grosores y tonalidades del marrón; los adornos primorosos, las pequeñas obras de arte que se imprimen en anillas y en las cajas todas: ¿por dónde puedo empezar a fumar? Puede usted empezar por preguntar.

El placer del buen tabaco es un asunto tan íntimo y personal como toda elección motorizada por la búsqueda del disfrute, del regocijo de los sentidos. De modo que no hay cátedra posible en estas lides: cada quien armará su catálogo personal, establecerá sus fidelidades y devaneos con los cigarros que su gusto abrace como propios. Y para eso lo único que hay que hacer es fumar, pero no como el ramplón acto reflejo de despacharse cigarrillos por mero vicio, sino fumar con atención porque ese armonioso maridaje de hojas es también – y especialmente- una joya fugaz.

Conviene dejarse aleccionar un poco por el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante: “…un puro es cosa seria. Un buen fumador, como un buen amante, siempre se toma su tiempo con su puro. Así que fuma de puertas para adentro: no saques tu puro al aire tibio de la noche estival. Ni siquiera para dar una vuelta o llevar al perro hasta la farola más cercana. Los puros son como los gatos: a este lado de la puerta, en una butaca cómoda, cerca de un fuego acogedor en invierno, cerca de una ventana abierta en verano…” (Puro Humo)

Si al entrar al estanco –que es donde se venden los tabacos- el novel fumador se da de bruces contra la indolencia de un dependiente incapaz de guiarle, el encanto inicial corre el riesgo de perderse de manera casi irremediable. Es mejor dar la vuelta y buscar otro lugar. No es fácil, sin embargo, hallar el adecuado. El camino está lleno de falsas promesas, de embaucadores y falsificadores que venden porquería presentada como cigarros de primera línea. Lo mejor es desconfiar de las gangas, de las historias de quien se trae el tabaco de contrabando, de las ofertas que deslumbran fuera de los estancos autorizados por el importador local (en Venezuela es Havana Cigar), de los Cohiba comprados en Cuba a un primo de un primo que trabaja en la fábrica… El buen tabaco es costoso, no hay nada que hacer para evadir esta verdad, salvo buscar entre las cajas hasta encontrar una relación apropiada, esta vez, según las fortalezas del bolsillo.

Cabrera Infante cita a Somerset Maugham: “Cuando era joven y muy pobre… tomé la decisión de que, si en alguna ocasión tenía dinero, fumaría un puro todos los días, tras el almuerzo y después de cenar”.

smokerEl mundo del tabaco maneja su lenguaje propio, sus maneras, sus códigos. Y existe un vocabulario mínimo para hablar el mismo idioma. La anilla es el aro de papel que rodea al tabaco e identifica a la marca. La capa es la hoja externa. El capote es la hoja que está debajo de la capa y que mantiene unida la tripa del cigarro. La tripa es, obviamente, el relleno. La liga es la receta o combinación de las hojas. La perilla es la porción que cubre la punta cerrada del tabaco. El cepo es el grosor. Torcedor y torcedora son las personas que hacen el tabaco con sus manos. El tiro es la poca o mucha resistencia que ofrece el cigarro al succionar el humo. Y la vitola es un vasto listado que describe y agrupa los distintos formatos del cigarro.

Un cigarro es un tabaco. Un puro es un tabaco hecho con hojas de una misma región o país. Y un habano es una denominación de origen aplicada sólo al tabaco hecho en Cuba, aunque el exilio cubano también se empeña en llamar habanos a las marcas torcidas fuera de esas costas con hojas de plantas nacidas de semillas cubanas. Y si bien el tabaco cosechado en las vegas de la isla, a pesar de los grilletes, es considerado con sobrados méritos como el mejor del mundo, hay marcas dominicanas, españolas, hondureñas, nicaragüenses y venezolanas de muy respetable calidad.

Tras la elección, hay –en efecto- un ritual del fumador del cual hay mucho que decir pero el espacio apremia, así que valga un pequeño adelanto:  Cortar parte de la perilla con un instrumento apropiado –la guillotina, se aconseja- para hacer un tajo limpio y no arruinar la pieza. No está demás la precaución de Maugham, esa de fumar con la barriga llena. Jamás utilice un encendedor corriente y menos un Zippo. Y, por favor, una vez que termine de fumar, deje morir el tabaco con la dignidad que se merece. Que su humo azul se extinga sin maltratar sus restos, que repose en paz el noble fruto de la tierra. -om

 

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5 Comments on “Puros a este lado de la puerta”

  1. German Nuñez

    Oscar, excelente artículo!

  2. Fredy Ferreira

    Felicidades! magnífico artículo. Definitivamente que placer esto de los puros!

  3. oscar medina

    germán, fredy,
    muchas gracias por los comentarios y por visitarnos.

  4. Clarencio Gil

    Excelente artículo, sobre todo para las personas que nos gustan los buenos tabacos pero que conocemos poco de su historia. Gracias.

  5. Lenin Lara

    Oscar muy buen articulo…justa la mención a los buenos puros Venezolanos…en nuestro país también hay calidad…Saludos

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