Smoke & Blue in the Face
Paul Auster
Anagrama
Wayne Wang, un realizador originario de Hong Kong que ha hecho películas algo vagas pero de alguna manera muy poderosas como The Chinese Box (que contiene una escena memorable en la que Rubén Blades le explica a Jeremy Irons para qué sirve un bolero, para organizar el sufrimiento) leyó una vez un cuento del conocido autor neoyorquino Paul Auster. Le gustó tanto que lo buscó para hacer una película con él. Auster se entregó de lleno a la tarea, con el efecto colateral de que luego se dedicó por su cuenta a dirigir filmes lamentables, pero en aquel momento feliz en que ambos trabajaron juntos produjeron una doble maravilla.
Primero, un largometraje, Smoke, que junta en un estanco de Brooklyn, el eterno paisaje de Auster, a un montón de estupendos personajes y a algunos de los temas recurrentes de su novelística, como la búsqueda del padre, la labor del escritor y el peligro de la mendicidad. El largo, protagonizado por un estupendo Harvey Keitel como un irónico vendedor de puros, tiene a gente como William Hurt y Forrest Whitaker. Es una película honda, que uno no olvida, un raro ejemplo de cine rebosante de sabiduría.
Auster y Wang la rodaron y la pasaron tan bien que improvisaron una segunda película, llamando a otro montón de gente, que titularon Blue in the Face. Está hecha en los mismos escenarios, con algunos de los personajes de Smoke y con otros nuevos como Michael J. Fox haciendo de loco, el director Jim Jarmusch representando a un tipo que acude a la tienda para fumarse su último cigarrillo, y el músico Lou Reed contando por qué ama tanto Brooklyn.
Este libro reúne los guiones de ambas joyas fílmicas, que están atravesadas por el cariño a los cigarrillos y a los cigarros. Aquí todos los formatos que pueden fumarse tienen la misma importancia, aunque los Schimmelpenninks holandeses que consume Hurt para tratar de terminar su libro adquieren una luz especial. Es un libro imprescindible para fumadores que son cinéfilos, una condición que, como sabemos, es común. –Rafael Osío Cabrices



