Consejos necios antes del humo

Publicado: 20 julio, 2009 por Administrador en Fuma que algo queda Enviar este post por email Enviar este post por email

maradonaEsa fotografía de Maradona: su célebre tatuaje con la silueta del Che en primer plano, el gesto que denota el regocijo en la ostentación, depositada su adiposa humanidad en la cubierta de un yate, el máximo lujo que quién sabe si le pertenece. Y en la mano, un tabaco anillado con la seña inconfundible de Cohiba. Lo dicho: el lujo máximo.

El Diez seguro la estaría pasando más que bien. Pero no se podría jurar que efectivamente haya estado disfrutando como debe ser de ese habano que de tan premium se ha convertido casi en emblema y pretensión de la bonanza personal. Ese cilindro de hojas torcidas a mano, hojas seleccionadas y maduradas especialmente para la reconocida casa, expuesto así, de manera indolente al efecto del salitre, su sabor mancillado quizás por algún líquido bronceador, su combustión afectada por la brisa marina: eso no se le hace a un Cohiba.

Ni a ningún buen puro, si vamos al caso. Porque entonces, ¿para qué? Y eso que lo de Maradona es casi un lugar común: un tipo fumando en una lujosa embarcación. No diga uno aquella historia sobre los particulares preparativos de Bill Clinton antes de encender su cigarro. ¿O Bill lo hacía con el tabaco ya encendido?

La verdad, es difícil apreciar a plenitud un buen puro frente al mar. A menos que haya un par de paredes que lo salven del efecto brisa y el océano entonces sea una hermosa postal allá al frente. Y eso nos lleva a una advertencia fundamental: donde haya viento fuerte y constante, mejor no intentar fumar.

¿Cuál será, entonces, la situación ideal? La respuesta es enredadora: la que el fumador considere. Adriano Martínez Rius, en el libro Habano el Rey, pontifica una obviedad: “La degustación de un Habano es uno de los mayores placeres universales y como ‘buen placer’ es individual y egoísta. Cada persona experimenta sensaciones muy particulares con cada Habano. El conocedor, experto hedonista, ya ha creado su estilo propio, o mejor dicho, su propio ritual para el momento del disfrute”.

Si bien ese ritual se compone ciertamente de elementos muy personales, pongámonos densos para decir que también hay algunas “condiciones objetivas” para la experiencia. Empezando, claro está, por lo básico: los pasos previos. Un tabaco sin tiro –por no volver sobre el punto de fumar falsificaciones- acaba con todo. ¿Quién rayos podrá pasarla bien teniendo que esforzarse para paladear tan sólo una miseria de humo en cada bocanada? Una correcta conservación de los cigarros minimiza el riesgo. Y ayuda a hacerse una idea de la condición del ejemplar sosteniéndolo –señala una guía cubana- “entre su dedo índice y el pulgar ejerciendo una ligera presión con los mismos. El cigarro estará en buenas condiciones si está suave al tacto”.

Una de las mayores preocupaciones del recién iniciado sobreviene al momento de hacer el corte. El tajo se realizará mejor con una guillotina y dice Martínez Rius que “a más o menos unos tres milímetros de la cabeza del Habano”. Lo importante aquí es que no se haga un corte exagerado porque el tabaco podría empezar a desarmarse: la línea de la perilla es la mejor guía. Y, por las dudas, el corte puede ensayarse un poco antes de ese borde.

En cuanto al encendido hay una ley universal cuya violación debería conllevar a alguna pena si viviéramos en un mundo justo: jamás usar un Zippo, ni una vela, ni un encendedor corriente y ni siquiera un fósforo de cera: la hoja absorberá esos olores fuertes –lo mismo sucede con las manos perfumadas- y arruinará el ejemplar. Lo ideal es utilizar un encendedor de gas butano, fósforos de madera o la clásica lámina de cedro.

Fumador dignoilustracion

¿Y cuál será el mejor momento para fumar? La respuesta a semejante pregunta es tan íntima que sería una necedad pretender pontificar al respecto. Pero no está demás compartir la experiencia. Uno fuma no sólo cuando quiere sino cuando puede. Un formato grueso o largo requerirá siempre una buena porción de tiempo. ¿Cuál es el sentido de fumar a las carreras? ¿O molestando y siendo molestado al mismo tiempo por prójimos intolerantes? Al fumar también hay que comportarse como caballero.

Y el acto también requiere estar preparado. Vale decir, con la barriga llena y el corazón dispuesto. Guillermo Cabrera Infante en Puro humo se permite desvaríos, consejos y anécdotas históricas que no dejan de ser útiles: “Entonces, ¿cuándo se puede fumar? No hagas como Pancho Villa. Siempre se levantaba con un puro gordo entre sus gordos labios indios y ordenaba que sus hombres hicieran lo mismo. Al mexicano que se sintiera mareado de inmediato se le declara baja…” Quizás los que permanecieron junto al generalote tomaban la previsión de un desayuno bien cargado.

Cabrera Infante es de los que piensan que “jamás en la mañana”. Aunque concede que quizás se pueda probar con un cigarro pequeño. Una cita de Bernard Shaw calma complejos: “Los puros después de cenar son deliciosos, fumar antes del desayuno no es desnaturalizado”.

Si se me permite, coincido con el escritor cubano en lo siguiente: “Ya llega la tarde: es la hora del puro. Después de cenar, incluso si no bebes vino (el conde Drácula nunca lo hizo o, mejor dicho, nunca lo hace) o café o licor, deberías, debes fumar un puro. Es el broche de humo a una buena cena”.

Como fumar un habano es un placer, el entorno y la situación tendrían que aportar su cuota para hacer más grata la experiencia: un asiento cómodo, el cenicero a mano, buena ventilación, nadie que se queje por el olor… y el trago y lo demás van por cuenta propia. Pero entre tanta comodidad no hay que perder de vista lo que realmente cuenta: ese puro humeante. No hay que descuidarlo, tampoco forzarlo. Evitar que se apague del todo, vigilar la quemada armoniosa e intervenir en ella cuando sea necesario. Y jamás, jamás, cometer la atrocidad de apagar el cigarro para terminarlo mañana: un puro encendido es cosa de hoy, el trozo del día siguiente es un cadáver amargo y ceniciento.

Acerca de la duda de cuánto fumar en un día, allá cada quien con su aguante. Cabrera Infante apoya su tesis en la de algunos caballeros fumadores: “Un buen puro largo, o uno gordo pero soberbio debería bastar. Te traerá la felicidad necesaria”.

En lo que sí coinciden tratados, manuales o evocaciones literarias es en la imperiosa exigencia del bien morir para todo puro: “Cuando haya disfrutado a plenitud de su Habano no lo apague, colóquelo en un cenicero y deje que el Rey se vaya con dignidad después de haber cumplido su destino”, dice Martínez Rius, quien siempre usa la mayúscula para nombrar al mejor de los cigarros. Sommerset Maugham –citado por Cabrera Infante, por cierto, un personaje tramposo: no compra habanos por razones políticas, pero los recibe si otro pagó por ellos– aporta la evocación: “…cuando le has dado el último tirón al cabo y arrinconas la colilla sin forma, y observas la última nube de humo azul que se difumina en el aire cercano, es imposible, si eres de naturaleza sensible, no sentir una cierta melancolía”. –om

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7 Comments on “Consejos necios antes del humo”

  1. Rafael Osío Cabrices

    A mí tampoco me gustan en la mañana, pero una vez presencié, a las 7 am, a Simón Alberto Consalvi exigiendo en su casa que le prepararan urgentemente una arepa, para poder entonces zamparse un Lancero.

  2. oscar medina

    sabe lo suyo el consalvi… imagino que se trataba, mínimo, de una de mechada con amarillo…

  3. Adrián Meléndez

    Como todo lo trascendente en la vida, sea cotidiano o no, debe ir acompañado de lo ritual.
    Un puro se respeta. Así como se respeta un buen vino, como se respeta todo lo sublime o lo artístico proveniente del ser humano. ¿No se trata de eso? precisamente, lo que da un sentido real u profundo a la vida.
    Por ello, para mi, y respeto cualquier otra opinión contraria al respecto, el hecho de encender un buen puro, me conecta con la gracia de vivir, de sentirme transitoriamente vivo. Por ende, no puedo sino hacer reverencia a esa grata y fugaz experiencia. Por ello, le confiero el sitial que merece, de esa manera mi pensamiento se afina concluyendo en gratitud a la existencia, en en placer de vivir.

  4. oscar medina

    adrián, coincido 100%
    gracias por compartir esas apreciaciones.

  5. jaime cruz

    Aunque definitivamente el desarrollo del este personaje, extremadamente sobrexpuesto, termina siendo muy fastidioso, defiendo la idea de la transgresión; la imagen de ese ser disfrutando un puro de formas inadecuadas, traicionando rituales a contraviento o a contravía, resulta muy provocadora… cultivo la idea de los rituales como una forma muy valiosa para la construcción positiva de la cultura, pero confio en que todos, sabiamente, aprenderemos a traicionar eventualmente esos rituales para disfrutar un puro o una copa de vino sin cuidar ninguna forma, explorando la inmanencia… la maravillosa inmanencia….

  6. oscar medina

    jaime, el inmanente… el asunto no es respetar rituales por que sí y ya. el caso es que puedo apostar sin perder que el personaje no está disfrutando el puro, simplemente está echando humo. y aunque está en su derecho a pasar el rato echando humo como le plazca, no deja de ser lamentable que un buen cohiba -si es que de verdad fuma uno legítimo- resulte arruinado por el protector solar factor 15, el viento, el agua marina y quién sabe qué otras cosas… un abrazo

  7. Gerardo

    Cuando a uno como persona le gustan actividades como degustar un buen vino, degustar un buen Habano, Puro o Tabaco, el ritual ante esto viene sólo, entecediendo un buen momento en el que es disfrutado al máximo, el ritual se disfruta con todos los sentidos y la degustación más aún. Oscar, estoy de acuerdo con tu artículo, muy bueno por cierto….saludos!

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